Orsai y la metaficción

Muchas cosas en la vida se dan por coincidencia. Eso que ni qué. Y ya que aquí se trata de escribir blogs sobre lectura habrá que escribir sobre leer blogs también.

Hará poco menos de un año que por iniciativa de un profesor un montón de personas en el departamento donde estudio volteamos la mirada a Orsai. La propuesta de formar un grupo de diez para pedir un paquete de revistas venía acompañada del vínculo al blog de Hernán Casciari, frontman del proyecto. La respuesta local a la invitación fue tan sorpresiva como la global. No nos agrupamos diez, ni veinte, sino treinta – en un departamento de más o menos cincuenta. Juan Luis, el profesor que lanzó la invitación, comentaba a través de un póster afuera de su oficina y de un blog “algo raro está ocurriendo”, haciendo eco al propio Casciari. Un par de meses después, cuando ya había toneladas de nieve en el piso, llegó Orsai 1 a las puertas de la universidad. Seguimos el ritual de los lectores alrededor del mundo, nos hicimos fotos con la revista, la olimos, la leímos, organizamos una reunión para hablar de los textos, hicimos más fotos. Y lo mismo para el número dos y, espero, también para el número tres que recibimos hace unas semanas.

Suficiente digresión. Al tiempo de preordenar el número 1 me uní a los miles de lectores del blog de Casciari. Al mismo tiempo mi proyecto de investigación sobre lectores de ficción/metaficción y experiencia de lectura comenzó a cocinarse en este blog y fuera de él. Pero hasta hace muy poco comencé a ver que hay mucho que decir sobre la comunidad internacional de lectores de Orsai en cuanto a su experiencia de lectura y a lo que yo quiero llamar la metaficcionalidad del proyecto. Ahí la coincidencia con la que he comenzado esta entrada.

El punto al que quiero llegar es a que el gran éxito de Orsai, creo yo, se debe a la construcción de un mundo rico de metaficcionalidad – es decir, de formas en las que los lectores pueden ser parte del proyecto. Cualquier persona involucrada de alguna forma con Orsai (a travéz del blog, con la revista, en las redes sociales, en la pizzería y ahora en el bar) está implicada realmente – “vive y experimenta” de primera mano alguno o muchos aspectos de Orsai. Incluso, algunos lectores se han vuelto parte material de la revista por medio de tener su nombre y su fotografía impresos en las contraportadas de los números 1 y 2 respectivamente, o bien en entradas y videos del blog.

La intermedialidad de Orsai – digital e impresa – proporciona una experiencia alargada, una forma de inmersión en el proceso de producción y recepción, que comienza cuando uno considera reunir un grupo de 10, hacer el pedido – y el pago – y luego, esperar algunas semanas, recibir, leer, comentar. No obstante, el aspecto físico del proceso se ve salpimentado, más o menos semana a semana, con las actualizaciones, las noticias, los goteos, las reflexiones, etc. que Casciari publica en el blog. La producción de cada número de la revista se lee como una trama a la que constantemente se introducen nuevos personajes (los autores, por ejemplo) y en la que se exploran nuevos territorios. Hay una expectativa extraña también, una especie de “crónica de una publicación anunciada”, en la que con bastante anticipación los lectores sabemos qué vamos a leer e incluso, a veces, ya lo hemos leído online, pero lo hacemos una segunda vez cuando la copia dura (uso el anglicismo deliberadamente) llega en el correo. O visceversa, después de leer la versión impresa husmeamos los pdf’s para ver cómo se ven. Los lugares físicos, la pizzería y, ahora, el bar, bien se podrán volver mecas (toda proporción guardada) del proyecto, rutas obligadas para los lectores haciendo el tour literario. Aún más, Orsai, sus textos y el proyecto, en general, han sido fuente de escritura – desde los varios autores que han accedido a publicar en la revista una vez que la han leído hasta el gran número de entradas de blog que se encuentran por doquier.

Yo no sé, todavía, si la lectura digital o impresa sean experiencias muy distintas entre sí. Pero si me queda claro que, en el caso de Orsai, la experiencia producida por la combinación de ambas construye un universo extendido – en tanto no depende de una geografía particular y en muchas instancias tampoco temporal – pero que sí ofrece el sentido de inmersión y palpabilidad de la que carece, según muchos críticos de la literatura electrónica, la lectura en medios digitales.

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