Leer para aprender

En mi reciente y fugaz visita a la Ciudad México, aunque mucho menos de lo que me hubiera imaginado, pasé varias horas atorada en el tráfico. En uno de esos momentos de blanquitud cerebral cuando en el radio no hay nada y los otros conductores no hacen nada que llame mi atención voltee la mirada y me encontré con un póster en una parada de transporte público que decía “leer es mi actividad favorita” – leer con la primera e volteada al revés – y mostraba la cara sonriente de alguna celebridad desconocida para mi. No puedo mentir, me alegró ver la publicidad de Leer para aprender, ver que alguien además de mi (que presumo estuvo trabajando en dicha campaña) desayuna, come y cena la palabra lectura y que además está “corriendo la voz”. Al menos desde que yo tengo uso de memoria una campaña como esta nunca se había visto en México – campañas de salud, caridad y promoción política siempre han sobrado. Había algo de frescura en esta. Además me recordó el libro de Dehaene, mi casi biblia actualmente, cuando explica la percepción de espejo, es decir, la vulnerabilidad (o será una habilidad, no lo sé exactamente) de los humanos para asumir y reconocer una simetría en todo lo que vemos y que explica las confusiones en lectores tempranos entre “b” y “d” o “p” y “q”. También explica que podamos leer textos al revés. Brevemente me pregunté si quien hizo el diseño estaría enterado de la percepción espejo, supuse que no, que simplemente busca dar una aire informal y juguetón al asunto. Se puso el siga y avancé sobre Insurgentes.

No lo pensé más.

Pocos días después mi querido colega de la UNAM, Argel Corpus, publicó en su perfil de Facebook el enlace a la campaña con este comentario:

No me gusta esta campaña, y no me gusta porque no es creíble: su “E” al revés, sus libros que parecen libretas, las mismas sonrisas con las que anuncian colgate o agua embotellada o desodorante o shampoo, y lo que representan quienes participan en ella (tal vez hay que excluir de mis comentarios a Fernando de la Mora y Hector Bonilla).

De acuerdo. Visité el sitio web de la campaña lanzada por el Consejo de la comunicación. Voz de la empresas, y con un vistazo mi respuesta fue “peor es nada”. El sitio de por sí tiene sus problemas, está inacabado. Hay buenos enlaces a, por ejemplo Cervantes Virtual y Material de Lectura UNAM y otros vínculos directos a libros en blanco… Mala primera impresión y eso que todavía no empezaba a leer los propósitos y justificación de la campaña. La forma de caracterizar la lectura es tendenciosa y raya en demasiadas generalidades desarrollistas y demagógicas. Por ejemplo, en el sitio se dice que la lectura “Abre posibilidades y oportunidades en cuanto a ingreso, desarrollo humano y competencias ciudadanas” Además entre los objetivos, que curiosamente etiquetan como “fines” establecen la generación de oportunidades para mejorar el rendimiento escolar de los niños, y la calidad de vida y la productividad de los ciudadanos que contribuyan al desarrollo y crecimiento de México. Por otra parte, la campaña alude al liderazgo mediático, disfrazado de éxito profesional, personal o no sé de qué tipo, de celebridades para, ahora sí, vender las bondades de la lectura, como señala Argel, como si fueran productos de uso personal – un claro síntoma de que los intelectuales en mi país no significan ni venden nada al publico en general. Para las fotos de la campaña den clic aquí. Encima, Pablo González Guajardo, asumo el director de la campaña o del Consejo de comunicación – no está especificado, habla de obtener resultados escolares (mejores calificaciones), personales (mejores ingresos y salud) y empresariales.

Hasta ahí, bueno, el discurso típico a medio cocer de las campañas no respaldadas por instituciones y proyectos realmente serios. Me imaginaba la mina de datos que una campaña como esta podría ser: observarán fluctuaciones en el número de libros vendidos en x librerías, de usuarios del metro o metrobús que leen en x recorrido, las suscripciones a bibliotecas o revistas, etc. Sin estos datos, la campaña es una invitación vacía, cuyo impacto, o falta de él, será invisible y apenas un precedente para futuros proyectos. La sorpresa vino cuando de hecho pude ver que la Secretaria de Educación Pública avaló la campaña en su presentación durante el mes de enero. Y más allá de los elogios políticos expresados por el propio secretario Alonso Lujambio, me sorprendió que los datos que están buscando medir son de “fluidez lectora que está fuertemente asociada con la comprensión lectora”. Y elabora,

Vamos a promover entre los padres de familia el uso de los Estándares Nacionales de Habilidad Lectora; que midan cada 15 días la velocidad lectora, la fluidez lectora de sus hijos e hijas, con un minuto de medición, a partir de 20 minutos cotidianos de lectura.

Un momento. ¿Que no ya desde Woody Allen hasta Dehaene nos advirtieron que la velocidad de la lectura no es ni directa ni indirectamente proporcional a la comprensión y, de hecho, puede, más bien, ser perjudicial? ¿Cuáles son las fuentes de la campaña y de los que toman las decisiones sobre la educación pública en México? No es una pregunta retórica, ni un reproche a las instituciones o la sociedad mexicana.

Pero no todo es malo. De verdad. Leer para aprender es un buen pretexto para que los que ya somos lectores examinemos los síntomas que deja ver en vez de jactarnos de estar por encima de los alcances de la campaña. Para mi, la elección de las personalidad obedece a que los intelectuales tienen un dejo de verdadera celebridad inalcanzable, venerable, pero con carencia de un significado familiar. Ejemplo, hace unos años cuando un amigo trabajaba para Carlos Monsiváis, éste le regaló una invitación para ir a la inauguración de x exposición. Mi amigo, complacido, fue al lugar y la hora indicados, con la invitación rotulada “Carlos Monsiváis” en la mano. A la entrada, el guardia de seguridad le pidió la invitación y al ver el nombre le dijo a mi amigo, treinta o cuarenta años más joven que Monsiváis, en un tono reverencial, “Bienvenido Don Carlos”. La intelectualidad pesa, en el buen y en el mal sentido, y además no tiene una cara reconocible. En ese sentido la campaña acierta en no presentar la cara adusta de la lectura. Una cara que a muchos nos gusta, pero no a la mayoría. Yo por mi parte, ya convencida de que mi lectura (informada, crítica, como sea que la queramos calificar) es sólo una entre muchas y habiendo dirigido mis esfuerzos académicos a entender cómo lee la gente, me da gusto ver que se invite a las personas que les gustan las luchas, a las que les gustan las telenovelas y a las que les gusta la música pop adolescente a leer. Por débiles que son los planteamientos y objetivos de la campaña, la lectura y la experiencia que saquen los lectores de lo que sea que lean nadie se las quitará.

Y de postre les dejo el trailer de la campaña. Pero ese es tema para otra entrada entera.

One Comment

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  1. Lo que choca no es la idea de que uno se divierta leyendo, sino el coraje de los actores para leer posando!!!

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